martes, 14 de octubre de 2008

¿ES USTED RICO?

Era domingo, como las dos de la tarde y hacía mucho frío, estaba lloviznando, ya no venía nadie al comercio, entonces mi esposa y yo decidimos cerrar para que así ella terminara de preparar el estofado que estaba haciendo. Lo que pasa es que los domingos siempre comemos tarde por atender el almacen.
Me fuí al comedor y me senté al lado del ventanal que llega hasta el suelo, me puse a sacar cuentas para ver como pagar la cuota del banco que es en dólares, de repente vi junto al ventanal a dos niños de 7 y 8 años más o menos, con sus abriguitos gastados y rotos.
¿No tiene algunos diarios viejos señor, para vender?
Yo estaba tan ocupado y renengando con los números que les iba a decir que no y, además porque no tengo; pero los miré más detenidamente, calzaban unas sandalias con medias mojadas y con barro.
Pasen, les voy a preparar una taza de cocoa con leche caliente. No hubo ninguna conversación. Las zapatillas mojadas dejaron las marcas en la pequeña alfombra, que está a la entrada del ventanal. Con mi señora les preparamos la cocoa con pan dulce, lugo volví al comedor y ella a arreglar las camas. Pasaron unos veinte minutos; me llamó la atención el silencio que había en la cocina, me asomé despacio, la niña tenía la taza vacía en la mano y la estaba observando, el niño preguntó con voz tímida.
¿Ustes es rico señor?
¿Qué si soy rico? ¡No, por favor! exclamé, mientras echaba un vistazo a la puerta del fondo que le faltaba los pestillos, a los muebles que le falta manijas, al piso que es de vinílico y recordé que la pileta del baño está partida.
Pero sus tazas hacen juego con los platillos, dijo el niño; su voz sonaba a un hambre que ya no estaba en el estómago. Luego se fueron, apretando unas revistas contra el cuerpo para protegerse del viento. No nos dieron las gracias, no hacía falta, nos habían dado mucho más que eso, sencillas tazas azules pero con los platillos que hacían juego.
Mientras mi esposa fue al comedor, yo probé las papas y revolví el estofado, estofado con papas, un techo que me protege, una frazada para taparme, un abrigo para cubrirme, un trabajo seguro, todas esas cosas también hacían juego. Fui al comedor y cuando mi esposa iba a limpiar la alfombra, donde estaban las huellas con barro de esas pequeñas sandalias, le dije:
No, déjalas así, no las limpies
¿Por qué? preguntó
Porque quiero verlas
¿Para qué?
¡Por si algun día me olvido lo rico que soy!
(Pequeño comentario: ¿cuantas veces has pensado que eras pobre?, a veces la pobreza no está en lo material, sino en la parte espiritual, tienes todo lo necesario, hay tanta gente que carece de todo hasta de lo básico, y otros teniendo ansian más y no agradecen lo que les ha tocado, siempre estan descontentos. Espero que cada uno pensemos que huellas nos hacen recordar lo rico que somos y no las borremos)

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