lunes, 20 de octubre de 2008

SIETE DÍAS EN UNA CUEVA

La familia la formaban tres personas: Daniel stolpa. joven de 21 años de edad, su esposa Jennifer, de 20 años; y un hijito de ambos de 4 meses.
Andaban juntos de turismo en Canada. Sin rumbo transitaban por un campo serpenteado hacia las alturas de una montaña; y era invierno.
Todo iba bien, hasta que el automovil se dañó. Tuvieron que abandonar el vehículo y andar a pie por la sierra nevada en busca de auxilio. Cuando menos pensaron, se hallaron en medio de una terrible tormenta de nieve.
Daniel halló una cueva en la montaña y pensó pasar la noche en ella; pero la tormenta arreció, y aunque sin agua, sin comida y sin más protección que la ropa que traían puesta, no podían moverse de allí.
Pasaron siete días aguantando el intenso frío. Y por fin, Daniel dejó a su esposa y a la criaturita para buscar auxilio. Caminó veinticinco kilómetros hasta hallar asistencia, y al fin todos fueron rescatados. Aunque la baja temperatura congeló parte de sus pies, todos quedaron fuera de peligro.
Durante las interminables horas que Daniel y Jennifer pasaron en la cueva, solos y apretados uno contra el otro protegiendo al hijito de cuatro meses, conciliaron todas las diferencias y resolvieron problemas matrimoniales que estaban teniendo. De ahí que declararan: "tuvimos que estar siete días muy juntos en la cueva, muertos de frío, para que de nuevo brotara el calor del amor entre los dos".
(comentario: dice el refrán "no hay mal que por bien no venga", pues a veces en las pruebas se pueden reverdecer amores que se creen ya perdidos. Por eso las dificultades no las debemos tomar como castigo, todo lo contrario, tomarlas como lo que en verdad son, pruebas que haran madurar aquello que seguramente esta decayendo en la pareja. No nos quejemos siempre, preguntemonos ¿para qué? y no ¿por qué?)