lunes, 10 de noviembre de 2008

UNA LECCIÓN DE MI PADRE

nuestra familia siempre ha estado dedicada a los negocios. Mis seis hermanos y yo trabajamos en el negocio de mi padre. Comenzamos a trabaja haciendo diferentes oficios, como limpiar el polvo, arreglar repisas y empacar y luego progresamos hasta llegar a atender a los clientes. Mientras trabajábamos y observábamos, aprendimos que el trabajo era más que un asunto de supervivencia o para hacer una venta.
Recuerdo una lección de manera especial. Era poco antes de Navidad. Yo estaba en octavo grado y trabajaba en las tardes, organizando la sección de juguetes. Un niño de cinco o seis años, entró en la tienda, llevaba un viejo abrigo marrón, de puños sucios y ajados; sus cabellos estaban alborotados, con excepción de un gorro que salía derecho de su coronilla. Sus zapatos gastados y con uno de los cordones rotos, me hicieron ver que era un niño muy pobre como para comprar algo. Examinó con cuidado la sección de juguetes, tomaba uno y otro, y cuidadosamente los colocaba de nuevo en su lugar.
Papá entró y se dirigió al niño y le preeguntó en que lo podía servir, este le respondió que buscaba un regalo de Navidad para su hermano. Me impresionó que mi padre lo tratara con el mismo respeto que a un adulto, le dijo que se tomara su tiempo y mirara todo y así lo hizo.
Después de veinte minutos, el niño tomó con cuidado un avión de juguete, se dirigió a mi padre, y dijo ¿Cuánto vale esto, señor?
¿Cuántos tienes? le preguntó mi padre.
El niño estiró la mano y la abrió, en la mano tenía dos monedas de diez y una de cinco y dos centavos. El precio del avión elegido era de tres dólares con noventaiocho centavos.
"Es casi exacto" dijo mi padre, cerrando la venta. Su respuesta aun resuena en mis oídos. Mientras empacaba el regalo pensé en lo que había visto. Cuando el niño salió de la tienda, ya no advertí el abrigo sucio y ajado, el cabello revuelto, ni el cordón roto. Lo que vi fue un niño radiante con su tesoro.
(comentario: se suele pensar siempre en lo material, y se deja de gozar de un momento de hacer posible con nuestras acciones, un milagro esperado por personas que necesitan de algo de entrega para seguir creyendo. Creó que cuando uno entrega generosamente, recibe también generosamente)