Debía ser un día como todos; pero no fue así, para comenzar, se quedó dormida, el bus se retrazó, llegó tarde al trabajo. En la oficina el movimiento era asfixiante y esto hizo que se pusiera más nerviosa aun. Al terminar su jornada ya en la parada del bus para el regreso a casa, tenía un nudo en el estomago.
Para variar el bus llegó tarde y estaba lleno, tuvo que viajar parada todo el tiempo en el pasillo. Los sacudones del vehículo que la llevaban hacia adelante y hacia atrás, su mal humor y su tristeza se volvía cada vez más profunda.
En un momento se escuchó una voz fuerte desde la parte delantera "hermoso día ¿no?" por la multitud, no podía ver al hombre, pero si lo escuchaba atentamente mientras el comentaba el paisaje primaveral, reparando en cada monumento histórico. Mencionaba muchas cosas que iban pasando delante de sus ojos, la iglesia, el parque, el cementerio, el cuartel de bomberos, etc. No pasó demasiado tiempo hasta que el resto de los pasajeros comenzaron a observar el paisaje a través de las ventanas, el entusiasmo de este hombre contagió a todos, increiblemente se sintió contenta y sonrió por primera vez en todo el día.
Cuando llegó a su paradero habitual, se dirigió hacia la puerta y buscó al guía entre los pasajeros; era un hombre mayor, con barba blanca y usaba anteojos oscuros y llevaba un bastón blanco.
(comentario: tenemos ojos, pero estamos ciegos, nuestros problemas agrandan nuestra ceguera y nos perdemos de tantas cosas bonitas, que son más importantes, la familia, la vida, los paisajes. Nos cerramos a todo sólo por no querer ver más allá de nosotros mismos.)