En el transcurso de mi carrera en ventas, a menudo me pregunto acerca de los clientes difíciles. ¿Por qué son tan malos? ¿Cómo pueden ser tan descorteces? ¿Cómo una persona perfectamente racional puede perder de repente todo sentido de la decencia?
Un día tuve ocasión de comprender un poco su manera de pensar. Sucedió cuando me encontraba de visita en el almacén de música de mi esposo. El estaba atendiendo a un cliente y no disponía de mucho tiempo, hice entonces lo que cuaquier esposa habría hecho, traté de atender a los clientes.
"Busco una partitura", dijo un hombre gruñón, que llevaba una gorra sucia fuertemente apretada sobre sus escasos cabellos grises. El nombre de la canción es... y alisó un ajado papel mimiografiado que había sacado del bolsillo. Escalera al cielo, ¿la tiene?.
Me dirigí al lugar donde estaban almacenadas las partituras y comencé a buscar el nombre; pero no estaban y lo busqué durante varios minutos porque veía la creciente impaciencia del hombre.
Lo siento, pero parece que no la tenemos, le dije; su espalda se arqueó y sus ojos ojos se estrecharon, casi imperceptiblemente su esposa le tocó la manga, como para detenerlo; retorció sus labios enojado.
Pues que maravilla, ¿Y se creen un almacén de música? ¿Qué clase de almacén no tiene este tipo de música? todos los chicos conocen esta canción.
Pero no tenemos todas las partituras.... Claro es fácil para usted, es muy fácil dar disculpas. Ahora su esposa se aferraba a su manga, susurrandole y tratando de calmarlo.
Se inclinó hacia mí, señalándome con sus dedo. Supongo que usted no entendería ¿verdad?. A usted no le importa que mi hijo haya muerto, que haya incrustado su auto en aquel árbol viejo; que toquemos su canción predilecta en su funeral. Y está muerto, ya no está, diciocho años y ya no está. Pude enfocar entonces el papel que agitaba ante mi vista. Era el programa para el servicio funerario.
Supongo que no entendería, murmuro e inclinó su cabeza. Su esposa lo rodeo con los brazos y permaneció silenciosa a su lado.
No puedo entender su pérdida, dije en voz baja, pero enterramos a un sobrino de cuatro años el mes pasado y se como duele algo así.
Levantó la vista, el enojo había desaparecido y suspiró. Es una pena ¿verdad?, una pena terrible. Permanecimos en silencio durante un largo rato; luego buscó en el bolsillo de atrás y sacó su billetera ajada. ¿Quiere ver una foto de nuestro hijo?
(comentario: es increible, lo que unas palabras de consuelo y sobre todo el ponerse en el lugar del otro, puede aliviar un corazón que pasa por un difícil trance; pero la mayoría nos quedamos en lo externo y juzgamos a los otros sin importar el interior de las personas que se acercan a nosotros)