jueves, 16 de octubre de 2008

UN ÁNGEL DEL SEÑOR

Esta historia se desarrolló en algún lugar de los EE.UU.
Estaba vigilando a un joven desaliñado vestido de negro, que estaba parado cerca de la capilla. Como soy guardia de seguridad en un hospital siempre observo a la gente, y aún más a los que parecen sospechosos. Cuando ofrecí mi ayuda me dijo que estaba esperando a alguien.
Un rato después ya no lo vi, seguí haciendo mi recorrido habitual, lo encontré durmiendo en una banca de la capilla, en ese momento lo vi tan frágil, se notaba que estaba con frío. Al observarlo recordé palabras de mi madre "Sea quien fuere el que encuentres, sin importarte los harapos que porte, trátalo con amabilidad, porque podría ser un ángel del Señor".
Reuní un poco de dinero entre mis compañeros y yo, le compramos algo caliente y lo pusimos junto a el, le puse una almohada bajo su cabeza y lo cubrí con una frazada.
A la mañana siguiente despertó, yo ya me había ido a casa, pero encontró a mi amigo y le preguntó quien había sido tan bueno esa noche con el. Se sorprendió al enterarse que un guardia de seguridad de raza negra lo había ayudado.
Estaba confuso y desesperado y decía "Nunca antes había estado cerca de una persona negra. Todos mis amigos me enseñaron acerca de los negros y no es cierto, pues me dijeron que están al acecho para robarte y degollarte. No entiendo nada... tengo que pensar bien varias cosas".
Debido a este encuentro, pudimos vernos uno a otro en actitud de aceptación y no de juicio. Que este joven me reconociera como persona y yo reconociera la necesidad de compación que el tenía, cambió nuestras vidas para siempre. Esto me llevó a preguntar: ¿Qué pasaría si cada vez que conocieramos a una persona pensaramos que es un ángel del Señor?
Este joven se sacó la chaqueta y se remangó las mangas y le mostró a mi amigo un tatuaje que simbolizaba a la persona que hasta entonces el había sido, decia: "KU KLUX KLAN"
(COMENTARIO. a veces no nos detenemos a pensar en el otro como persona, si no que los etiquetamos, por eso no podemos ayudar, estamos solo preparados para ayudar a quienes conocemos o amamos, eso es fácil, lo difícil es amar al que no piensa, vive como tu, o no pertenece a tu grupo familiar o de amigos. Allí está el reto de la humanidad, abrirnos a los demás sin mirar más que la necesidad del otro y sin esperar que se nos devuelva lo que dimos)