jueves, 23 de octubre de 2008

QUIEN LO PIERDE, PIERDE UN TESORO

Cuentan que al Padre Pascual, le estaban dando un banquete de despedida después de veinticinco años de trabajo en la parroquia que tenía a su cuidado.
A un político, miembro de la comunidad, lo invitaron a que pronunciara un breve discurso; pero como el político tardaba en llegar, el buen sacerdote tomó la palabra para disimular el hecho de que su filigrés aún no había llegado.
Mi primera impresión en la parroquia la tuve durante la primera confesión que me tocó escuchar, contó el parroco. Pensé que me había enviado el obispo a un lugar terrible, ya que la primera persona que se confesó me dijo que había robado un televisor, que les había robado dinero a sus padres, y que había robado también en la empresa donde trabajaba, además de tener relaciones sexuales con la esposa de su jefe. Por si eso fuera poco, dijo que en ocaciones se dedicaba al tráfico de drogas, y por último, confesó que le había transmitido una enfermedad venerea a su hermana.
Yo me quedé asombrado, asustadísimo... pero con el paso del tiempo fui conociendo más personas, y vi que no eran todas así. Me di cuenta de que la parroquia estaba llena de gente responsable, con valores, comprometida con su fe. De ahí que los años más maravillosos de mi sacerdocio hayan sido estos últimos veinticinco.
En ese momento preciso llegó el político, y se le dió la palabra. Luego de pedir disculpas por haber llegado tarde, comenzó su discurso con estas palabras.
"Nunca olvidaré ese día, ya hace veinticinco años, en que llegó el Padre Pascual, a nuestra parroquia. Tuve el honor de ser el primero que se confesó con el..."
(comentario: sin más palabras que decirles, que la puntualidad a veces te ahorra estos momentos bochornosos)