Hace tres años, en la frontera de Nicaragua y Honduras, al bajar del autobús, me encontré con un niño nicaragüense de once años, delgadito y mal vestido, que insistía en limpiarme los zapatos.
Es triste ver a esos niños trabajando para buscarse la vida, pero uno no puede hacer nada para remediar la situación. Solo puede desear que Dios cambie su manera de vivir.
Los zapatos amarillos que yo llevaba puestos eran los que estuve usando para montar bicicleta en Costa Rica, estaban muy feos, así que pensaba tirarlos a la basura cuando llegara a Guatemala; pero Jonatan, el niño limpiabotas, fue insistente y perseverante, y me convenció de que lo dejara limpiarme los zapatos. Entonces lo puse a competir con otro amiguito suyo, también limpiabotas, y le di un dolar a cada uno para ver quien hacia mejor su trabajo.
Los zapatos amarillos cobraron nueva vida, quedaron como nuevos. Seguí con ellos hasta Miami, y estuve usándolos hasta que me fui a España aquel año.
Al volver hoy a la frontera entre Nicaragua y honduras, un adolescente limpiabotas quería limpiarme los zapatos. Lo reconocí, era Jonatan, ahora de catorce años, bien vestido, al parecer mejor alimentado, casi tan alto como yo y bien parecido. El no se acordaba de mi, cada día son muchos los extranjeros que pasan esa frontera.
Como no había tiempo para que me limpiara los zapatos, le hice un regalito, le conté el resto de la historia de los zapatos amarillos y le di un abrazo de despedida. Jonatan sonrió y me preguntó cuando volvería por la frontera.
Tal vez Jonatan no haya captado la moraleja de la historia de los zapatos amarillos. Era que su trabajo como limpiabotas había sido importante para mi; el dejó mis zapatos como nuevos, y me resultaron útiles unos meses más.
Esta historia la contó el escritor cubano Luis Bernal Lumpuy, en marzo del 2007.
(comentario: este relato nos enseña, que tan importante son los trabajos de cada uno de nosotros, sobre todo cuando lo hacemos con amor. Podemos transformar la vida de los otros, con tan solo un servicio, una sonrisa, una palabra afectuosa, detalles que pasan despercibidos para muchos; pero al que le llenó la vida nunca lo olvidará)