viernes, 17 de octubre de 2008

UN ADELANTO DEL CIELO

Ocurrió durante un mes de voluntariado en las vacaciones de verano. Cuando llegamos a Nairobi (kenya) nos preguntábamos ¿cómo nosotros, inexpertos universitarios, podríamos ayudar en aquella Africa sucia, polvorienta y calurosa?.
Quizas arreglando tejados... pero no teníamos experiencia en construcción.
Que pintando un colegio... pero no sabíamos de pintura. Lo que si teníamos claro era nuestra intención de darnos totalmente a los demás; sin embargo, recibiríamos mucho más de lo que logramos dar, tuvimos la suerte de entrar en contacto con el tercer mundo, a través de una alojamiento para niños moribundos de las Hermanas de la Caridad en Naírobi.
Todos entramos en aquella casucha, un tugurio sin muebles, con poca luz. Contrastaban las hamacas llenas de niños enfermos y lloriqueando, con los limpísimos trajes talares blancos y azules de las Hermanas de la Caridad, que rebosaban de alegría, yo me quedé bloqueado, en mitad de la habitación.
Nunca había visto nada así. Mis compañeros universitarios se esparcieron por las estancias, siguiendo a distintas monjas, que requerían su asistencia.
Una hermana me preguntó en inglés ¿Has venido a mirar o ayudar? sorprendido por tan directa pregunta y en estado de sopor, balbuceé: A ayudar...
¿Ves ese niño de allí, el del fondo que llora? lloraba desconsoladamente, pero sin fuerza.
Si, ese (le dije señalándolo)
Bien tomalo con cuidado y tráelo. Lo bautizamos ayer. Lo noté con una fiebre altísima, el niño tendría un par de años.
Ahora tómalo y dale todo el amor que puedas... no entiendo... me excusé
Que le des todo el cariño de que seas capaz, a tu manera... y me dejó con el niño.
Le canté, lo besé, lo arrullé... dejó de llorar, me sonrió, se durmió...
Al cabo de un rato busqué llorando a la hermana; hermana, no respira...
La monja certificó su muerte: ha muerto en tus brazos.... tu le has adelantado quince minutos con tu cariño el amor que Dios le va a dar para toda la eternidad.
Entonces entendí tantas cosas: el cielo, el amor de mis padres, el amor de Jesús, los detalles de afecto de los amigos... mi viaje a Kenya supuso un antes y un después en mi vida. Ahora sé que todos tenemos "Kenyas" a nuestro alrededor para dar amor cada día.
(comentario: cuantas veces queremos ayudar y buscamos grandes actos de caridad, y en esta reflexión que es una historia verdadera, se nos enseña, como decía Madre Teresa de Calcuta, que la ayuda debe prestarse con lo que tenemos en la mano, que mayormente es nuestro tiempo. Donar unos minutos a hacer felices a persona necesitadas, no solo de dinero sino de afecto, hará que les podamos dar un pedazo de cielo aqui en la tierra y habremos cumplido con la misión que nos corresponde. Cada uno de nosotros tiene carismas para desarrollarlos y hacer que nuestra vida en la tierra sea fructífera)